LAS CABAÑUELAS
 
Por Graciela Minaya
 La Nación, Lúnes 29 de Enero de 1945

   El joven meteorologista señor Juan B. Cambiaso V. ha publicado sus apreciaciones personales acerca de las Cabañuelas de que se sirven nuestros campesinos para vaticinar el tiempo, a modo de como ahora lo hacen los técnicos que preparan el Almanaque Bristol, aunque por distintos procedimientos. Cierto, como afirma el estudioso técnico de nuestra Oficina Meteorologista, que "nada existe más complejo ni más distante de la capacidad del hombre que la ciencia meteorológica". Esta afirmación nos lleva a pensar que no existe entre las posibilidades de la capacidad humana la meteorología, entonces, para que los técnicos?

   La cabañuelas si tienen algún valor y explicación para el mundo científico y particularmente para los campesinos de México, Centroamérica, Cuba, Venezuela y la República Dominicana, por ser la herencia común que les legaran los antiguos pobladores aborígenes. No hay, pues, por que extender estos pronósticos del tiempo a todos los pueblos de habla española. Para que se pueda apreciar el valor y la explicación que para el mundo científico tienen las cabañuelas, me limitaré a referir lo que fueron en la antiguedad, en acuerdo con sus prácticas de computar el tiempo y lo dificil que es acoplar aquel sistema al calendario cristiano. Si los resultados no corresponden no es culpa de los creadores que a fuerza de pacientísimas y largas observaciones lograron establecer un medio de pronosticar el tiempo.

   Las cabañuelas la adoptaron los aztecas de los mayas y el método era muy distinto al practicado hoy, al pretenderse amoldar un admirable trabajo de nuestros indios al calendario de la civilización cristiana. El método primitivo no era tan complicado ni extenso, ya que el año maya, al igual que el azteca constaba de dieciocho meses de veinte días cada uno y cinco días vagos que no entraban en los meses, sino que un día completo mediaba entre la entrada y salida del año y los otros cuatro días eran para cada uno de los cuatro cambios de estaciones. Los 18 días primeros del mes de enero servian para cada uno de los meses y los dos días restantes o sea el 19 para predecir el tiempo del solsticio de estío y el 20 para el solsticio de invierno.

   Estos pronósticos o cabañuelas se denominaban en maya "Chac-chac" y a la sucesión de los meses "xoc-kin". Los nombres e los meses eran: Pop, uo, zip, zots, tzec, xul, yakin, mol, chen, yax, zac, ceh, mac, kankin, muan, pax, kayab, cumhú, y uayeb. Los días del calendario maya, de cada mes, eran: ik, akbal, kan, chiechán, cimí, manik, lamat, muluc, oe, chuen, eb, bon, ix, men, cíb, cabán, eznab, cauac, ahua, imix. Del día cabán es que se origina la palabra castellanizada "Cabañuelas, porque a los pronósticos de este día (el 16) los llamaban cabanel y eran los de más importancia para el computo del tiempo. Los nombres de los meses, como los de los días, los he puesto en riguroso orden correlativo.

   El quinto día cimí era dedicado por los mayas a las ofrendas y sacrificios a los dioses, cimí es el nombre primitivo originario del vocablo taino "cemi", como la voz maya "xoc-kin", con que se designaba la sucesión de los meses, es la corruptela de la nahua "tzolkin" que en este idioma significa lo mismo.

   Respecto a estos augurios del tiempo, las Cabañuelas, dice Fr. Román Pané, lo siguiente, "Saben estos indios por su consultas a sus dioses y su observación de los primeros días del año cuáles serán buenos y cuáles serán malos, cuáles pluviosos y cuáles secos." Fray Román Pané fué uno de los cuatros franciscanos que acompañaron a Colón en su segundo viaje y a quién éste encomendara averiguar la regilión, creencias y costumbres de los aborígenes de la Hispaniola.

   Para la ciencia de Fr. Román Pané, al igual que para pensadores modernos de la talla del doctor John D. Teeple, notabilísimo arqueólogo norteamericano y otros más que no cito, sí tienen valor y explicación científica las Cabañuelas. (Vease la obra del doctor Teeple, "Astronomía maya, versión española de César Limardi.)

   Negar la correlación que pueda existir entre estos pronósticos del tiempo y los fenómenos meteorológicos en los primeros días del año y que abarcan a todo un ciclo climatérico anual, es negar la relación existente entre la influencia lunar con el sexo femenino y las mareas, y la que tiene la luna nueva con los desequilibrados del cerebro y con los cortes de madera.

   Débese tener presente que los indios mayas de los cuales descendian los nuestros estuvieron en la poseción de la civilización más deslumbrante del pasado, por la extensión de sus conocimientos y seguridad de sus cálculos, fruto de milenios de observación cuidadosa y analítica. Como astrónomos no solamente habían hecho un calendario perfecto, por lo menos dos mil años antes de la reforma gregoriana del calendario cristiano, sino que habían investigado la naturaleza cósmica de los cometas y computado las apariciones períodicas de estos dos grandes vagabundos celestes, los cometas Halley y Biela. Como matemáticos fueron los mayas quienes mil años antes que ninguna otra parte del mundo inventara el cero y su valor posicional, simbolo de que carecieron las grandes civilizaciones griega y romana. Precisa recordar al respecto que la numeración sumería intentó crear un simbolo y hacia el año 250 A. J. los numerales babilónicos poseían la idea del cero, pero el sistema nunca logró desarrollarse plenamente de modo que una cantidad pudiera leerse con certeza y exactitud. Con los numerales romanos ningún problema de multiplicación y división puede resolverse por carecer del cero. Los primeros del mundo antiguo en inventar el cero y darle posición exacta en los cálculos fueron los hindúes de quienes lo tomaron los arabes, que estos dieron conocer en España hacia el siglo XII.

   Si en nuestros colegios secundarios y en la Universidad hubiesen cursos de prehistoria americana, antillana y dominicana, sería menos evidente esa ignorancia que existe en nuestro presente de nuestro pasado.

   Esa misma penuria de libros de prehistoria es más resaltante aún en nuestras bibliotecas públicas y de instituciones culturales.


 

 

 

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